domingo, 25 de agosto de 2019


25 de Agosto del 2019
CONSEJO DIVINO.
LA PROFECÍA DE JEREMÍAS  


CAPITULO XXXII

DEL LIBRO DE DIOS "LA PROFECÍA DE JEREMÍAS CAP. XXXII– 32"

Jeremía, durante el sitio de Jerusalem, por Nabuchodonosor, compra por orden del Señor un campo, y hace escritura de compra, no obstante que aquel país iba a ser asolado, y cautivado el pueblo, para manifestar con esa señal que los Judíos volverán libres a su antiguo país, donde el Señor haría con ellos una nueva alianza.

                                                                                                                        
Palabras que el Señor hablo a Jeremías el año decimo de Sedecías rey de Judá, que corresponde al año décimo octavo de Nabuchodonosor. (A la sazón el ejército del rey de Babylonia tenía sitiada a Jerusalem; y el Profeta Jeremías estaba preso en el patio de la cárcel que había en el palacio del rey de Judá. Porque Sedecías, rey de Judá, le había hecho poner preso, diciendo: ¿Cómo es que andas vaticinando y diciendo: Esto dice el Señor: Sabed que yo entregaré esta ciudad en poder del rey de Babylonia, el cual se apoderará de ella; Y Sedecías rey de Judá no escapará de las manos de los Chaldeos, sino que caerá en manos del rey de Babylonia, y hablará con el boca a boca, y le verá con sus mismos ojos; y será conducido por él a Babylonia, donde estará hasta tanto yo le visite, dice el Señor? Que si peleareis contra los Chaldéos, añades, no tendréis buen suceso).

Jeremias pues, estando preso, dijo: El Señor me ha hablado, diciendo: Mira que tu primo hermano por parte de padre. Hanameel, hijo de Sellúm, ha de venir a decirte que le compres un campo que tiene en Anathoth; pues que a ti te compete la compra por ser el pariente más cercano. En efecto según la palabra del Señor, Hanameel, hijo de mi tío paterno, vino a encontrarme en el patio de la cárcel, y me dijo: Cómprame el campo que tengo en Anathoth, tierra de Benjamín; pues que a ti te toca por derecho de herencia el poseerle, por ser tú el pariente más cercano. Conocí que aquello venia del Señor; y compré a Hanameel, hijo de mi tio paterno, aquel campo situado en Anathoth, y le pese la cantidad de dinero de diez y siete siclos de plata: E hice una escritura de contrato, y la selle o firmé en presencia de testigos, y pesé la plata en la balanza. Y tomé la escritura de compra firmada con sus estipulaciones y ratificaciones, y con los sellos por fuera. ¡Y dí esta escritura de compra a Baruch, hijo de Neri, hijo de Maasias, en presencia de Hanameel mi primo hermano, delante de los testigos citados en la escritura de compra, y a vista de todos los Judíos que estaban en el patio de la cárcel. Y en presencia de ellos di orden a Baruch, y le dije: Esto dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: Toma estas escrituras, estas escrituras de compra sellada, y esta otra escritura abierta, y mételas en una vasija de barro para que puedan conservarse mucho tiempo. Porque esto dice el Señor de los ejércitos, el
Dios de Israel: todavía se han de poseer en esta tierra casas, y campos, y viñas.

Así que hube entregado a Baruch, hijo de Neri, la escritura de venta, púseme luego en oración, y dije: ¡Ah! ¡ah! Señor Dios mío,  ¡ah! Bien veo que tú creaste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo fuerte: ninguna cosa será jamás difícil para ti: Tú eres el que usas de misericordia en la serie de mil generaciones, y la iniquidad de los padres la castigas después de ellos es sus hijo: tú eres el Fortísimo, el Grande, el Poderoso: Señor de los ejércitos es tu nombre. Grandioso eres en tus consejos, e incomprensible en tus designios: contemplando están tus ojos todas las acciones de los hijos de Adam, para retribuir a cada uno según sus obras y según el mérito de su conducta.

Tú obraste milagros y prodigios celebrados hasta hoy día en la tierra de Egypto, y en Israél, y entre todos los hombres, e hiciste tan grande tu Nombre, como se ve que es el día de hoy. Tú sacaste tu pueblo de Israél de la tierra de Egypto por medio de milagros y portentos, con mano poderosa, y brazo fuerte, y grande espanto; Y les diste esta tierra, conforme lo habías prometido con juramento a sus padres, tierra que mana leche y miel. Entraron en efecto en ella, y la han poseído: más no obedecieron tu voz, ni siguieron tu santa Ley, nada hicieron de cuanto les mandaste, y por eso les han sobrevenido todos estos desastres. He aquí ya levantadas las máquinas de guerra contra la ciudad para batirla; y como está para caer en poder de los Chaldéos, que la combaten a fuerza de armas, y del hambre, y de la peste; y cuantas cosas hablaste, oh Dios mío, todas se han cumplido, como tú mismo lo estás viendo.

¡Y tú, oh Señor Dios, no obstante me dices a mí: Compra un campo a dinero constante, en presencia de testigos; siendo así que la ciudad va a ser entregada en poder de los Chaldeos!

Entonces respondió el señor a Jeremías, diciendo: Mira, yo soy el Señor de todos los mortales: ¡Habrá por ventura cosa ninguna difícil para mí? Por tanto, esto dice el Señor: Sábete que yo voy a entregar esta ciudad en manos de los Chaldeos, y en poder del rey de Babylonia, y la rendirán: Y entrarán los Chaldéos con espada en la mano en esta ciudad, y la pegarán fuego, y la quemaran junto con las cosas en cuyos terrados se ofrecían sacrificios a Baal, y libaciones a dioses ajenos para irritarme: porque ya desde su mocedad los hijos de Israél, digo, que hasta el presente no hacen sino exasperarme con las obras de sus manos, dice el Señor.

De suerte que esta ciudad se ha hecho para mi objeto de furor, y de la indignación mía, desde el día en que fue edificada, hasta el día presente, en que será borrada de delante de mis ojos: por la maldad de los hijos de Israel y de los hijos de Judá, cometida cuando me provocaron a ira ellos, y sus reyes, y sus príncipes, y sus sacerdotes, y sus profetas, los varones de Judá y los habitantes de Jerusalem. Y volvieron hacia mí sus espaldas y no su cara, cuando yo desde la mañana los instruía y los avisaba; no queriendo ellos escuchar ni recibir la corrección. Y antes bien colocaron sus ídolos en la Casa en que se invoca mi santo nombre, a fin de profanarla; y erigieron altares a Baal en el valle del hijo de Ennom para consagrar o sacrificar sus hijos y sus hijas a el ídolo Moloch: cosa que yo jamás les mande para mí, ni me paso por el pensamiento que ellos hicieran tal abominación, e indujesen a Judá a tan abominable pecado.

Ahora bien, en medio de estas cosas, así habla el Señor, el Dios de Israel a esta ciudad, la cual decís vosotros que caerá en poder del rey de Babylonia, a fuerza de armas, de hambre y de peste: sabed que yo después los reuniré de todas las regiones, por donde los habré desparramado en la efusión de mi furor, de mi cólera, y de mi grande indignación, y los restituiré a este lugar donde los haré morar tranquilamente. Y ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios. Y les daré un mismo corazón y un solo culto; para que me teman todos los días de su vida, y sean felices ellos, y después de ellos sus hijos. Y Sentaré con ellos una eterna alianza, ni cesaré jamás de hacerles bien; e infundiré temor en su corazón, para que no se aparte de mí. Y mi gozo será hacerles beneficios, y los estableceré en esta tierra, de veras, y con todo mi corazón, y con toda mi alma. Porque esto dice el Señor: Así como he descargado yo sobre este pueblo todos estos grandes males; el mismo modo los colmaré a ellos de todos los bienes que les prometo. Y de nuevo serán poseídos por sus dueños los campos en esta tierra, de la cual decís vosotros que está desierta, por no haber quedado en ella ni hombre ni bestia; porque fue abandonada al poder de los Chaldéos. Compraránse por su dinero los campos, formáranse escrituras de contrata, se imprimirá en ellas el sello y asistirán los testigos, en la tierra de Benjamín y en el territorio de Jerusalem, y en las ciudades de Judá, y en las ciudades de las montañas, y en las ciudades de las llanura, y en las ciudades que están al Mediodía; puesto que yo pondré fin a su cautiverio, dice el Señor.


El señor vuelve con su palabra que tiene poder e infinita sabiduría. Leed tranquila y concienzudamente y hallaras en cada frase, en cada palabra una enseñanza del libro del Señor. Medítalas y   aplícalas en tu vid a, en tu familia y sobre todo, compártelas con tus estudiantes. Cada día el Señor te da una enseñanza y una palabra para reflexionar. El camino de la perfección requiere de mejor y mayor esfuerzo. Y tú estás en ese CAMINO. ¿Por qué Quieres huir de la perfección que Dios te ofrece?

FELIZ SEMANA                                                                   

JJ = J2

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