viernes, 7 de julio de 2017



PRÓLOGO
Ramón Flecha
Universitat de Barcelona

Todas las personas que queremos contribuir a superar las desigualdades educativas y sociales necesitamos leer, debatir y reflexionar este libro. Las comunidades de aprendizaje las construyen en cada barrio y pueblo el alumnado, profesorado, otras y otros profesionales, familiares, voluntariado y tejido asociativo. En el País Vasco, donde más se han desarrollado hasta ahora, hay un equipo que ha elaborado un excelente libro sobre su experiencia que está a punto de ser publicado por el propio gobierno vasco (Jaussi, en proceso). El también excelente texto que tienes ahora en las manos contiene las bases pedagógicas, psicológicas, sociológicas y didácticas que sirven para realizar transformaciones de escuelas e institutos en comunidades de aprendizaje, pero también para orientar innovaciones igualitarias en el aula o centro y para fundamentar políticas educativas globales que mejoren el aprendizaje instrumental y la convivencia.

Mientras estaba escribiendo este prólogo participé en la inauguración del curso escolar de Terrassa (Barcelona). La afluencia de profesorado fue muy amplia gracias a la ilusión de las dos escuelas que ya han iniciado la transformación en esa ciudad. Mientras hablaba me iba animando con lo que, desde el público, se iba transmitiendo. En silencio, sus rostros y sus miradas me comunicaban el entusiasmo que sentían por estar viviendo en sus propios centros todo aquello que iba explicando. Aunque cuando empezaron sus intervenciones sentí que ya no hacía falta decir nada más. Todas las personas allí presentes quisimos saber qué se estaba haciendo en esas dos escuelas que empezaban una nueva forma de educar.

La directora de una de las escuelas explicaba la visita de compañeras de otro centro del País Vasco que, como el suyo, estaban realizando la transformación. Con sus palabras nos transmitía ese compartir que genera encanto, que hace revivir antiguas ilusiones y crea nuevos sueños. El director de la otra escuela comentaba el cambio que en pocos meses había vivido con los familiares, la mayoría de etnia gitana, quienes estaban ya participando en un curso de formación de informática en el propio centro. Otro profesor quiso expresar su sorpresa al empezar a trabajar con prácticas educativas igualitarias, como los grupos interactivos, después de haber pasado por las adaptaciones curriculares de cuatro centros: «ni en mi expectativa más optimista hubiera podido imaginar que las niñas y niños de mi clase pudieran avanzar tanto, trabajar de ese modo y entusiasmarse tanto por los aprendizajes que están realizando». Ésta es la forma en que deberíamos vivir la educación en todos los centros educativos, sin rebajar expectativas, sin desencanto, sino buscando formas de asegurar que ningún niño o niña se quede atrás.

Desde mediados de los ochenta algunas personas, entre ellas las autoras de este libro, empezamos a investigar proyectos y prácticas educativas que tuvieran éxito en la superación del fracaso escolar y los problemas de convivencia. En aquel entonces había ya muchas experiencias en el mundo que estaban haciendo proyectos como el de comunidades de aprendizaje, mientras otras prácticas y orientaciones educativas estaban generando que un número cada vez mayor de niños y niñas que daran excluidos de la sociedad de la información y sembrando un halo de fatalismo y desencanto en el mundo de la educación. Ya en el congreso de 1994 sobre nuevas perspectivas críticas en educación empezamos a dar un giro a los discursos que niegan la posibilidad de cambio, junto a intelectuales como Paulo Freiré y jóvenes educadores y educadoras de todo el estado que defendían que la transformación social no era sólo un tema de los nostálgicos del 68 sino algo por lo que luchábamos todas y todos desde cada escuela y cada barrio, así como el debate central en las ciencias sociales a nivel internacional.

Antes de proponer actuaciones educativas debemos saber dónde se van a llevar a cabo y qué efectos van a producir en los niños y niñas y sus familiares. No podemos basar las reformas educativas en experimentos que parten sólo de ideas innovadoras, sin fundamentos científicos que aseguren el aprendizaje de todos y todas y la superación del fracaso escolar. Es preciso partir de experiencias educativas que han demostrado resultados de éxito en este sentido y que por tanto aseguren una educación de calidad para todas las personas. Las propuestas y conceptualizaciones que aparecen en este libro se basan en estas prácticas exitosas y evitan, a toda costa, aquellas que parten de la superstición.

La perspectiva interdisciplinar que ofrecen las autoras y el autor de este volumen permite un análisis y una teorización más profundos del proceso de cambio educativo que suponen las comunidades de aprendizaje, aportando una visión amplia en todos sus componentes pedagógicos, didácticos, psicológicos y sociales. Se demuestra, desde la teoría y la práctica, que el aprendizaje dialógico de los niños, las niñas y los y las adolescentes no depende sólo de lo que ocurra dentro de las aulas, sino de la coordinación de todos aquellos espacios en los que realizan aprendizajes.

Este libro nos aporta los fundamentos teóricos de una educación de calidad para todos y todas, y lo hace partiendo de las aportaciones más recientes a la comunidad científica, desde las diferentes disciplinas, y desde las experiencias educativas de éxito y transformación que se están viviendo día a día en cada comunidad de aprendizaje.

Familiares, niños, niñas, adolescentes, profesorado, voluntariado, otros profesionales y miembros de la comunidad son quienes protagonizan este proceso de transformación. Así, los ejemplos que se van presentando a lo largo del libro nos reafirman la necesidad que tiene la educación de modelos teóricos que vuelvan a generar encanto entre todos los agentes educativos, y que demuestren que la vía de la igualdad es la que posibilita que todas las personas aprendan más y se desenvuelvan de forma más solidaria en la sociedad actual.

Las comunidades de aprendizaje son una apuesta por un modelo educativo que pertenece a la sociedad de la información y que, además, es superador de las desigualdades educativas, sociales y económicas que en ésta se generan. La sociedad industrial ha quedado atrás y es absurdo pretender mantener formas y prácticas educativas que pertenecen a una sociedad ya caduca porque son, evidentemente, formas y prácticas educativas también caducas. Mientras otros ámbitos como la empresa o la sanidad se van transformando acorde con los cambios sociales, nos percatamos de que las aulas y los centros no han cambiado demasiado. Se necesita la transformación de los centros educativos para lograr que todas las chicas y chicos obtengan las capacidades que requieren para no sufrir la exclusión en la sociedad de la información.


Teniendo en cuenta el momento actual que están viviendo muchos centros educativos y la realidad de las comunidades de aprendizaje en concreto, la publicación de este libro no sólo es adecuada sino necesaria. Las tres partes de que contamos aportan una visión general del proyecto y una profunda reflexión sobre esta experiencia y la sociedad en la que se inscribe, buscando puntos de conexión con la práctica diaria que estos centros están viviendo. En estos momentos ya hay un número creciente de centros educativos que a través de comunidades de aprendizaje apuestan por la transformación, y son ellas mismas, el compromiso de su profesorado, el éxito de su alumnado, y la creación de sentido de sus familiares y de toda la comunidad educativa quienes van extendiendo su aguijón utópico y esta nueva forma de hacer educación.

Invitamos a los docentes para que descarguen y lean el libro. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario