RESOLUCIÓN No 026789 02 OCT 2026 DE TRASLADOS PARA
DOCENTES Y DIRECTIVOS DOCENTES AÑO 2027
RESOLUCIÓN No 026789 DE TRASLADOS AÑO 2027
RESOLUCIÓN No 026789 02 OCT 2026 DE TRASLADOS PARA
DOCENTES Y DIRECTIVOS DOCENTES AÑO 2027
RESOLUCIÓN No 026789 DE TRASLADOS AÑO 2027
LA SABIDURÍA DE UN MAESTRO QUE NO ACTÚA
DESDE EL EGO
En el ejercicio docente, la pasión y el deseo de
hacer las cosas bien se enfrentan a diario con los retos propios del aula y la
comunidad. Sin embargo, la inexperiencia, la prisa o el cansancio a veces nos
llevan a reaccionar desde el impulso, la rigidez o la emoción desbordada. Guiar
a un grupo, abordar la indisciplina o comunicarse con las familias requiere de
una virtud superior a la simple norma: la sutileza, el autocontrol y la
prudencia.
La verdadera grandeza de un buen docente no busca
imponerse desde el grito ni confrontar la agresión con más agresión; ilumina,
vive con humildad, crea con amor y comparte con gozo. Cuando el ego y la
reactividad no intervienen, la labor del maestro se convierte en una expresión
serena y sabia, donde cada palabra, cada gesto y cada acción se conciben para
guiar y corregir con cuidado.
Mente serena ante la provocación:
El arte de no engancharse
El aula de clase es un espejo de la realidad social
y familiar de nuestros estudiantes. En ocasiones, nos encontramos con niños que
traen de sus hogares patrones de conducta difíciles, falta de límites o
expresiones de irrespeto. Frente a esto, el mayor desafío del educador es no
validar la provocación cayendo en ella.
La ética de la reserva y la
imparcialidad
Así como el maestro debe cuidar su gestión en el
aula, debe cuidar la forma en que se comunica con las familias. Las
conversaciones sobre ausentismo, impuntualidad o rendimiento deben sostenerse
siempre desde la objetividad pedagógica.
Calculando el impacto de cada
acción
Cada palabra, gesto o decisión del docente genera
un eco en la comunidad. El maestro prudente calcula el impacto de sus acciones,
sabiendo que su rol no es controlar mediante la fuerza o la imposición, sino inspirar
mediante la firmeza tranquila y el ejemplo.
Cuando nos enfrentamos a dificultades en el aula o
en el diálogo con acudientes, el docente consciente no se pregunta ¿por qué
me pasa esto?, sino ¿para qué me sirve esta experiencia? Ve en el
reto una oportunidad para fortalecer sus herramientas pedagógicas, cultivar la
paciencia y crecer en madurez profesional.
Orientaciones para cultivar el
equilibrio docente
Para nuestros educadores, especialmente quienes
están iniciando su camino o enfrentan aulas complejas, es fundamental recordar:
1. Guardar la compostura y la paz
interior: La
paciencia no es resignación; es la capacidad de mantener la calma y el criterio
firme en medio de la tormenta.
2. Apoyarse en el equipo institucional: Ningún docente debe abordar solo
las situaciones de indisciplina grave o irrespeto. Para ello existen
Orientación Escolar, Coordinación y los protocolos del Comité de Convivencia.
3. Mantener la distancia afectiva
adecuada: No
permitir que el comportamiento de un estudiante altere nuestro valor, nuestra
paz interior ni nuestro compromiso profesional.
4. Transformar la queja en acción
pedagógica: Hablar
palabras que edifiquen, buscando soluciones institucionales en lugar de
desgastarse en discusiones estériles.
Ser maestro es ser una semilla de sanación y
equilibrio. El conocimiento, la experiencia, la paciencia y la madurez como
docentes son nuestro mejor bastión para resistir la hondonada de emociones de
padres y estudiantes que afrontamos al final de cada año. Cuando aprendemos a
guiar con humildad, firmeza y serenidad, dejamos de actuar desde el ego para
convertirnos en un refugio de respeto, protección y sabiduría para toda nuestra
comunidad educativa.
JJAP
RECTOR
IERD CACICAZGO
Enseñar es, por definición, un acto de humanidad, empatía y entrega. Sin embargo, dentro de las mismas paredes donde formamos en valores a las nuevas generaciones, la convivencia entre adultos a veces se quiebra por dinámicas desgastantes. Cuando el egoísmo, la envidia y el juicio apresurado entran a la sala de profesores, el ambiente de trabajo se vuelve denso, la confianza se rompe y el proyecto educativo pierde su alma.
Para sanar nuestro entorno laboral, es indispensable ponerle nombre a esas actitudes que nos distancian y reflexionar abiertamente sobre los cinco grandes males que atentan contra la armonía de nuestro equipo.
El vicio: Estar más pendientes de lo que hacen, dicen, tardan o dejan de hacer los demás que de nuestro propio trabajo en el aula. Es la mirada inquisidora fija en el reloj del compañero ("llegó tarde", "se fue antes", "dejó el grupo solo") para medir su desempeño con la vara del juicio.
El daño: Nace del deseo de evasión o de la comparación constante. Quien gasta su energía vigilando al vecino termina desatendiendo la preparación de sus clases, la atención a sus estudiantes y su propio crecimiento profesional. Se destruye la serenidad y se transforma la sala de profesores en un tribunal.
El camino de sanación: Enfoque y autorreflexión. El verdadero rigor profesional se demuestra en la excelencia de la propia aula, no en la vigilancia del compañero. Cada maestro tiene bajo su responsabilidad un grupo de vidas que requieren el 100% de su atención; ahí, y no en el pasillo, debe estar enfocada la energía pedagógica.
El vicio: La falta total de empatía. Es la prisa por condenar una falta —un retraso, una distracción o una ausencia breve— sin antes preguntarse qué problema personal, familiar o de salud está atravesando esa persona. Es asumir la mala intención antes que indagar la razón.
El daño: Deshumanizar al colega es reducirlo a un engranaje frío que no puede fallar, sentir ni sufrir. Detrás de una llegada tarde o de un momento de agotamiento a menudo hay una noche sin dormir, una angustia familiar o un drama silencioso. Un equipo que no sabe ser compasivo entre sus adultos jamás podrá enseñar compasión a sus estudiantes.
El camino de sanación: Escuchar e indagar antes de sentenciar. La pregunta directa, sincera y respetuosa ("¿te encuentras bien?", "¿necesitas apoyo?") debe reemplazar siempre a la conjetura malintencionada.
El vicio: La incapacidad de alegrarse por el logro, el reconocimiento, la buena relación con los estudiantes o la estabilidad del compañero. Se manifiesta en comentarios despectivos, ironías o en el intento de minimizar los méritos del otro.
El daño: La envidia nace del egoísmo y de la inseguridad. Transforma la colaboración en una competencia destructiva y nos lleva a ver al colega como un rival al que hay que desacreditar para brillar, fragmentando la unidad que requiere una institución.
El camino de sanación: Generosidad y reconocimiento. Entender que el éxito o el aprecio hacia un compañero no le resta valor al trabajo propio. La verdadera madurez profesional celebra la diversidad de talentos y comprende que cuando a un maestro le va bien, todo el colegio se fortalece.
El vicio: Llevar las molestias, los supuestos y las inconformidades a espaldas de los involucrados en lugar de encauzarlos por las vías directas y respetuosas. Es alimentar bandos y murmuraciones en la sombra.
El daño: Destruye la seguridad psicológica del colegio. Cuando no hay lealtad, los docentes empiezan a trabajar a la defensiva, con temor a ser señalados al menor descuido. La murmuración genera paranoia, roba la paz y pudre el clima de convivencia.
El camino de sanación: Franqueza y comunicación ética. Si existe una preocupación real sobre el cuidado de los niños o el cumplimiento de las labores, la ruta siempre es el diálogo privado, franco y constructivo con la persona, o la comunicación respetuosa con la directiva; jamás el chisme de pasillo.
El vicio: Priorizar constantemente la comodidad individual, las demandas propias o el beneficio personal por encima del bienestar colectivo, la solidaridad con los compañeros o el proyecto común del colegio.
El daño: Desmantela el sentido de cuerpo docente. Cuando prima la avaricia del propio tiempo y la falta de disposición para apoyar al colega cuando más lo necesita, la institución se convierte en una suma de islas aisladas e indiferentes.
El camino de sanación: Sentido de comunidad y fraternidad. Recordar que nadie se salva solo en la labor educativa. Formar parte de un equipo implica ceder, colaborar y entender que el bienestar del grupo sostiene el bienestar individual.
Cuenta el mito griego que cuando Pandora abrió el ánfora prohibida, todos los males, las envidias, las guerras y las plagas se escaparon para llenar el mundo de dolor y confusión. Sin embargo, justo antes de cerrar el recipiente, en el fondo quedó intacta una sola cosa: la Esperanza.
Al mirar los desafíos de nuestra convivencia, los roces y estos males que a veces se cuelan en nuestra cotidianidad, elijo apelar a esa misma enseñanza. Como rector, tengo la firme convicción de que, por encima de cualquier desacuerdo o imperfección humana, nos queda la ESPERANZA. La esperanza de que somos capaces de hacer una pausa, reflexionar con humildad y autocorregirnos.
Confío plenamente en la grandeza de esta profesión y en el corazón de nuestro equipo. Sé que, si nos atrevemos a mirar hacia adentro y a cambiar el juicio por la empatía, lograremos hacer relucir nuevamente ese extraordinario, humano y brillante docente que habita en cada uno de ustedes.
JJAP
RECTOR
VUELVE MAESTROS QUE DEJAN HUELLA.
Cordial saludo,
LA RECTA FINAL DEL AÑO ESCOLAR: CUANDO LA SABIDURÍA
DOCENTE ES EL ANCLA DE LA COMUNIDAD.
Apreciada
comunidad educativa,
Hoy queremos reflexionar sobre
una etapa decisiva del calendario académico: la recta final del año escolar.
Septiembre y octubre representan un tramo de alta intensidad emocional y
operativa en las escuelas y colegios. Es el período donde se define la promoción
académica y donde converge el peso acumulado de diez meses de trabajo continuo.
El escenario de fin de año: Una tormenta perfecta
de tensiones
Llegar a estos últimos meses implica navegar un
entorno de desgaste cruzado:
Cuando el cansancio generalizado se cruza con la urgencia del último período, el clima del aula se vuelve frágil. La prisa por "alcanzar los logros" puede elevar los niveles de frustración y convertir pequeños desencuentros en conflictos complejos entre estudiantes, docentes y familias.
¿Qué nos dice la investigación pedagógica y la
experiencia?
Diversos estudios sobre convivencia escolar y
bienestar docente señalan que los picos de estrés al cierre del año alteran la
autorregulación emocional en toda la comunidad educativa cuando la tensión
no se gestiona adecuadamente para mantener la convivencia escolar.
1. Efecto contagio: Las investigaciones en clima de
aula demostradas por la experiencia confirman que la irritabilidad del adulto
se refleja rápidamente en la conducta de los estudiantes. Un entorno reactivo
frena el aprendizaje y debilita la confianza.
2. Foco en el conflicto vs. foco en
la solución: En
momentos de alta presión, es fácil caer en discusiones reactivas con los padres
o en sanciones apresuradas con los alumnos, lo que suele escalar la tensión en
lugar de resolver el problema formativo.
3. El poder de la serenidad: La literatura pedagógica
respalda que la capacidad del maestro para mantener la calma actúa como un
regulador externo para el grupo. La serenidad no es pasividad; es la
manifestación máxima del dominio profesional.
El docente: El faro de equilibrio y profesionalismo
En medio de este panorama, es vital recordar una
verdad fundamental: los docentes son los profesionales de la educación y las
personas llamadas a liderar con sabiduría dentro del aula.
Ser el adulto referente significa sostener la
cordura cuando el entorno la pierde. Mantener la paciencia, el control, la
madurez y la rectitud pedagógica en esta fase no solo evita enfrentamientos
innecesarios, sino que le enseña a los estudiantes a gestionar la frustración
en momentos de alta exigencia.
La verdadera maestría no se demuestra únicamente en
la claridad de una explicación académica, sino en la entereza emocional con la
que se sostiene la convivencia en los momentos de mayor presión.
Exhortación del Rector: Dar lo mejor en el tramo
final
Como Rector, quiero dirigirme de manera especial a
nuestro cuerpo docente:
Reconozco profundamente la entrega y el esfuerzo
que han invertido durante todo el ciclo. Sé que el cansancio es real y que la
presión de estas semanas puede resultar agotadora. Sin embargo, los invito a
dar lo mejor de sí en este tramo final.
Recuerden siempre que tú, como maestro sabio y con
experiencia, nunca puedes perder el control. Tú eres la luz, la guía y
el profesional llamado a mantener la serenidad y la compostura en cualquier
circunstancia.
Concluyamos este año demostrando por qué la labor
educadora es una de las vocaciones más nobles y determinantes de la sociedad.
Sigamos siendo ese puerto seguro donde la razón, el afecto y el aprendizaje
prevalecen.
Un fraterno saludo,
Jaime J Angulo P
Rector
Por:
Rectoría
Para: Comunidad
Educativa, Docentes y Jóvenes Caciquistas
El
filósofo griego Sócrates afirmó una vez: «No puedo enseñar nada a nadie, solo puedo hacerles
pensar». Del mismo modo, el pensador John Dewey aseguraba que «la educación no me prepara para la
vida; la educación es la vida misma». Bajo esta premisa, si el propósito
del colegio es enseñarnos a razonar, soñar y construir nuestro propio camino,
resulta inquietante ver cómo, en ocasiones, algunos parecen esforzarse en el
sentido contrario: aplican un "manual perfecto" para garantizar el
fracaso.
Tras
revisar investigaciones en pedagogía, neurociencia y la vivencia diaria en
nuestras aulas, hemos sintetizado el Decálogo del Mal Estudiante.
Señor, amigo estudiante,
joven caciquista: ¡Despierta! Tu educación es tu futuro y de ella depende la
vida que vas a construir. Si tu
objetivo es ser un estudiante brillante, alcanzar tus metas y aprovechar cada
talento con el que naciste, asegúrate
de jamás poner en práctica estos diez pasos:
1. Dejar
todo para el último minuto (Procrastinación Extrema):
Confiar ciegamente en que la noche anterior al examen
aprenderás en tres horas lo que no leíste en dos meses. Las investigaciones
demuestran que el cerebro requiere descanso y repetición para aprender; ignorar
esto es condenar tu mente al olvido.
2. Convertirte
en un espectador pasivo:
Entrar al aula, sentarte al fondo y asumir que el
conocimiento entra solo. No preguntar, no tomar apuntes y no razonar. Limitarte
a memorizar datos sin entenderlos para olvidarlos al día siguiente.
3. Invisibilizar
la curiosidad y matar el hábito de la lectura:
Quedarte únicamente con lo que el profesor dice en
clase. Jamás abrir un libro por iniciativa propia ni investigar más allá. La
apatía intelectual es el peor enemigo de tu crecimiento.
4. Culpar
a los demás de tus propios resultados:
Si pierdes una materia, asumir que la culpa es del
docente, del colegio o de la suerte. Evadir la responsabilidad personal sobre
tu propio destino académico.
5. Cultivar
la impuntualidad, la falta de disciplina y el desorden:
Llegar tarde, no llevar los útiles, perder los
trabajos y vivir en un caos permanente. La falta de autodisciplina destruye tu
tiempo y estudiar sin un plan claro solo genera dispersión.
6. Abusar
de la tecnología como distractor:
Usar el celular para redes sociales o juegos en plena
explicación. La multitarea es una trampa: interrumpe tu atención y fractura tu
capacidad de aprender cosas profundas.
7. Promover
el molestar, poner apodos y faltar al respeto a los docentes:
Ignorar el valor de la convivencia. Buscar la burla
fácil, agredir verbalmente a tus compañeros y mostrar irrespeto hacia tus
profesores crea un ambiente tóxico que impide tanto tu aprendizaje como el de
los demás.
8. Callarte
las dudas:
Si no entiendes algo, no alzar la mano por pena o
pereza. Acumular vacíos de conocimiento es la ruta segura para que el futuro te
parezca difícil e inalcanzable.
9. Descuidar
tu cuerpo y tu mente:
Dormir pocas horas, alimentarte mal y no descansar. Un
cuerpo agotado y una mente fatigada rinden al mínimo de su verdadero potencial.
10.
Rendirte al primer
obstáculo:
Ante una mala nota o una dificultad, convencerte de
que "no sirves para eso" y tirar la toalla. Tratar el error como un
fracaso definitivo y no como el escalón para mejorar.
La
historia está llena de ejemplos trágicos de personas con un talento colosal que
tocaron fondo no por falta de capacidad, sino por caer en estos mismos errores:
·
En el deporte: Figuras brillantes de la élite mundial arruinaron
carreras multimillonarias y terminaron en la quiebra por faltar a los
entrenamientos, llegar tarde y mantener un desorden permanente fuera de la
cancha.
·
En la convivencia: Talentos extraordinarios fueron expulsados de los
mejores equipos y escenarios del mundo por su mal carácter, por faltarle el
respeto a sus directores o entrenadores y por dedicarse a indisciplinar al
grupo.
·
En la vida personal: Mentes invencibles cayeron en prisión o en el olvido
al dejarse llevar por la soberbia, descuidar su vida y creerse por encima de
las normas y del respeto hacia los demás.
El
mensaje es claro: el talento te
abre la primera puerta, pero solo la disciplina y el respeto te mantienen
adentro.
¡Despierta, joven
caciquista! Como Rector te hablo de
corazón: este decálogo está escrito en tono irónico porque ninguno de ustedes nació para
encajar en la mediocridad ni en el fracaso. Cada estudiante que camina por
nuestro colegio llegó al mundo dotado de inteligencias, virtudes y talentos
naturales diseñados para triunfar. El fracaso escolar no es una falta de
capacidad ni un destino inevitable; es, la mayoría de las veces, el resultado
de aplicar hábitos equivocados.
Recuerda
siempre: tu educación es tu
futuro y de ella depende la vida que quieres para ti y para tu familia.
Ningún ser humano florece en la apatía, el desorden o la desidia. Tienes en tus
manos el poder de elegir la excelencia, la disciplina y la superación.
Si al leer este artículo te
has dado cuenta de que estás cometiendo alguno de estos errores, te invito a
que lo corrijas inmediatamente y no vuelvas a persistir en él. Estás a tiempo de ajustar el rumbo, dejar de lado los
malos hábitos y permitirte descubrir la grandeza de tu verdadero potencial.
Forjando la Excelencia: Las 10 Cualidades y Métodos de Estudio Respaldados por la Ciencia
Ser un gran estudiante no es cuestión de
"suerte" ni de pasar horas sin dormir memorizando páginas enteras. La
ciencia de la cognición y la experiencia de los mejores pedagogos han
demostrado que estudiar mejor no significa estudiar más tiempo, sino
estudiar de manera más inteligente.
Los Pilares de la Excelencia:
Lectura, Atención, Disciplina y Neurociencia
Antes de aplicar cualquier método, debemos
comprender cómo funciona el motor del aprendizaje: nuestro cerebro y sus
hábitos fundamentales.
Las 10 Cualidades y Métodos de
Estudio Fundamentales
Con la lectura constante, la atención focalizada,
la disciplina y la neurociencia de nuestro lado, presentamos las 10
cualidades y métodos de estudio fundamentados en la investigación
psicológica y pedagógica que transformarán tu forma de aprender:
1. Práctica del Recuerdo Activo (Active
Recall)
2. Repetición Espaciada (Spaced
Repetition)
3. La Técnica Feynman
4. La Técnica Pomodoro
5. Sistema Leitner (Flashcards)
6. Codificación Dual (Dual
Coding)
7. Intercalación de Temas (Interleaving)
8. Elaboración e Inquisición
Elaborativa
9. El Método PQ4R (Preview,
Question, Read, Reflect, Recite, Review)
10. Gestión del Entorno y del
Descanso
Un mensaje para nuestra comunidad
educativa
¡Hagamos mejor lo que estamos haciendo bien
y sigamos construyendo juntos el camino hacia la excelencia!
Att. Rector
JJAP.