lunes, 7 de octubre de 2019


CÓMO DAR CLASE A LOS QUE NO QUIEREN
De: Juan Vaello Orts
Sencillamente extraordinario, este es un aparte de la página 63.
Con el mayor respeto te INVITO a que leas el libro.




TE COMPARTO EL LINK: 

domingo, 6 de octubre de 2019


06 de octubre del 2019
CONSEJO DIVINO.
LA PROFECÍA DE JEREMÍAS  


CAPITULO XXXVII

DEL LIBRO DE DIOS "LA PROFECÍA DE JEREMÍAS CAP. XXXVII– 37"

El nuevo rey Sedecías se encomienda a las oraciones del profeta. Retirase Nabuchodonosor, y Jeremías predice que volverá, y que la ciudad será entregada a las llamas. Preso Jeremías vaticina a Sedecías su cautiverio; y no obstante el rey manda que le trasladen al patio de la cárcel, y que le den de comer.

                                                                                                                        
Entro a reinar Sedecías hijo de Josías en lugar de Jechonías hijo de Joakim, habiendo sido establecido rey de Judá por Nabuchodonosor rey de Babylonia.

Y ni él, ni sus servidores, ni la gente de la tierra obedecieron a las palabras que el Señor dijo por boca del profeta Jeremías. Y envió, el rey Sedecías a Juchal, hijo de Jeremías, y a Sophonias hijo de Maasias sacerdote, a decir al Profeta Jeremías: Ruega por nosotros al Señor Dios nuestro. Andaba entonces Jeremmías libremente por entre el pueblo, pues no le habían puesto aún en la cárcel. Entre tanto el ejército de Pharaon salió del Egypto: oído lo cual por los Chaldéos, que tenían cerca de Jerusalem, levantaron el sitio.

Entonces el Señor habló entonces al profeta Jeremías, del modo siguiente: Esto dice el Señor Dios de Israel: Diréis al rey de Judá, que os ha enviado a consultarme: Mira que el ejercito de Pharaon que venía a socorreros, se volverá a su tierra, a Egypto. Y volverán los Chaldeos, y combatirán contra esta ciudad, y se apoderaran de ella, y la entregaran a las llamas.  Esto dice el Señor: No queráis engañaros a vosotros mismos, diciendo: Irán sé los Chaldéos para no volver, y nos dejaran en paz: porque entended que no se irán. Pero aún cuando vosotros derrotareis todo el ejercito de los Chaldeos, que os hacen la guerra, y solamente quedaren de él algunos heridos, saldrían estos solos de sus tiendas y entregarían esta ciudad a las llamas.

Habiéndose pues retirado de Jersualem el ejercito de los Chaldéos, por causa del ejercito de Pharaon, partió Jeremías de la tierra de Jerusalem para ir a la tierra de Benjamin, y para repartir allí cierta posesión en presencia de aquellos ciudadanos.  Y así que llego a la puerta llamada de Benjamín, el que estaba por turno haciendo la guardia de la puerta, el cual se llamaba Jerías, hijo de Selemías, hijo de Haananias, asió al profeta Jeremías, diciendo: Tú te huyes a los Chaldéos, Es falso, respondió Jeremías: yo no me huyo a los Chaldeos. Pero Jerías no le escuchó; sino que prendió a Jeremías, y le presento a los príncipes. Irritados con eso los príncipes contra Jeremías, después de haberle hecho azotar, le metieron en la cárcel que había en la casa de Jonathan secretario o escriba, por tener éste a su cargo la cárcel. Entro pues Jeremías en un hondo calabozo, y en una mazmorra, donde permaneció muchos días. ¿Crees tú que hay efectivamente alguna revelación de parte del Señor? Si la hay, respondió Jeremías; y añadió: Tú serás entregado en manos del rey de Babylonia. ¿Y en que he pecado contra ti, añadió Jeremías al rey Sedecías, ni contra tus servidores, ni contra tu pueblo para que me hayas mandado poner en la cárcel? ¿Dónde están aquellos profetas vuestros que os profetizaban y decían: No vendrá contra vosotros, ni contra esta tierra el rey de Babylonia? Ahora, pues, escúchame, te ruego, oh rey mi señor: recibe favorablemente la súplica que te hago, y no me vuelvas otra vez a la casa o cárcel de Jonathan, secretario, para que no me muera yo allí. Mando pues el rey Sedecías que pusiesen a Jeremías en el patio de la cárcel, y que cada día le diesen una torta de pan, además de la vianda, mientras hubiese pan en la ciudad: con eso se mantuvo Jeremías en el patio de la cárcel.

El señor vuelve con su palabra que tiene poder e infinita sabiduría. Leed tranquila y concienzudamente y hallaras en cada frase, en cada palabra una enseñanza del libro del Señor. Medítalas y   aplícalas en tu vida, en tu familia y sobre todo, compártelas con tus estudiantes. Cada día el Señor te da una enseñanza y una palabra para reflexionar. El camino de la perfección requiere de mejor y mayor esfuerzo. Y tú estás en ese CAMINO. ¿Por qué Quieres huir de la perfección que Dios te ofrece?

FELIZ SEMANA                                                                  

JJ = J2E


sábado, 5 de octubre de 2019


Columnistas


ARTÍCULO PARA UNA AUNTOEVALUCIÓN DOCENTE Y UNA REFLEXIÓN PROFUNDA.

¿LOS PROFESOR@S TAMBIÉN PIERDEN EL AÑO?

Al inicio de un año escolar, toda institución educativa bien programada organiza sus jornadas de estudio para los días escolares venideros. ¡Qué bueno sería que nuestros docentes pensaran durante un momento que también ellos pueden perder el año! Un ex alumno piensa así de algunos de sus maestr@s:


“El profes@r pierde el año cuando sus alumnos al final del periodo escolar no le respetan ni le estiman; cuando en las jornadas escolares solo se preocupa de transmitir una ciencia sin sentido y sin alma; cuando solo piensa en llenar cabezas con contenidos de un programa que hay que cumplir a marcha forzada.



“Pierde el año el profes@r que es demasiado indulgente con sus alumnos y permite que se lo ‘merienden’ en todas las clases; que los premia con magníficas notas que no merecen y cuyas clases gustan porque son una continuación del recreo, ‘puro relajo’.



Pierde el año el profes@r demasiado severo a quien los alumnos temen, aquel que se ufana de hacer perder el año; aquel cuya asignatura es la más difícil para los alumnos. Este profesor ‘cuchillo, cuchilla, verdugo, machete, exterminador’, amenazador que se ufana de ser el que más estudiantes le perdieron, ese maestr@ que aun sin terminar el año ya le han perdido la materia, aquel maestr@ que le quita la ilusión de luchar a sus estudiantes sin haber terminado la competencia, aquel que confunde lo academico con los disciplinario y desde el comienzo del año dice, tu ya perdiste la materia, tu conmigo no pasas, aquell@s que piensas que la nota es un instrumento de venganza y que ellos son el látigo de Dios para redimir su venganza, aquel que en vez de animar, desanima, pobre de este maestro, casi siempre pierde el año porque él jamás entendió su misión de maestro, como un profesional especial que esta para ayudar a transformar vidas y toda una sociedad.



“Pierde el año el profes@r que atormenta diariamente a sus alumnos con la rutina de la repetición. El que concibe a sus alumnos como loros, como autómatas, como cajas de resonancia, simples papeles de carbón o fotocopias.



“Pierde el año también el profes@r que siendo docto y versado en su ciencia, jamás influye positivamente en la conducta y aprovechamiento de sus alumnos, no les ayuda a estructurar su carácter, menos aún su personalidad; también, quienes pasan por los salones de clase como anónimos, sin dejar estela, a quienes sus alumnos no les recuerdan ni para bien ni para mal; aquellos maestros de relleno, con una personalidad precaria, aburridos por cansancio, con apuntes añejos, simples cumplidores de un contrato laboral, cuyos alumnos son fichas, números, masa bulliciosa, ‘desadaptad@s’, vagos. Profesores de esta clase, pierden el año; ni regalándoles puntos se quedan para supletorio.



“Gana el año aquel profes@r que sabe inculcar en sus alumnos un sentido de responsabilidad ante el deber, aquel que sabe exigir en forma razonable; ese profes@r ya se ganó el respeto y la sincera estima de sus alumn@s porque supo escuchar sin alterarse las preguntas o reclamos razonables hechos por sus estudiantes. Gana el año el profesor que sabe contagiar a sus alumnos la conciencia de bien, rectitud, responsabilidad, sinceridad, franqueza, alegría, optimismo.

Gana el año en forma rotunda y contundente aquel maestro innovador, aquel maestr@ que entendiendo las dificultades de un estudiantes, se le acerca al más humilde y desprotegido,  a aquel estudiante que molesta y siempre es desatento, a aquel que ha sido identificado como alumno problema, a aquel que es ignorado y casi nunca se le escucha, le pregunta con quien vive, que pasa en su casa, que hacen sus padres, le escucha de su vida, aquel que descubre las dificultades de ese niño que ha sido maltratado, rechazado o socialmente violentado, aquel que se da a la tarea de descubrir las causas de su bajo rendimiento y de su comportamiento agresivo; es@  maestro que le ofrece su amistad, su tutoría y su ayuda, es@ profesor que nunca se da por vencido, que persiste para ayudar a superar esos comportamientos y esas dificultades.  

Gana el año, aquel maestro que da más de su tiempo y de conocimiento para que su grupo y sus estudiantes sean los mejor. Ese maestro que ha tomado en serio su papel de educador, de docente, es@ maestr@ sensible que entiende la diversidad  y los ritmos de aprendizaje de sus estudiantes, ese maestro visionario que descubre los talentos de sus estudiantes y los potencia, que esta en el aula y en esta profesión para ayudar a superar las dificultades de aquellos que van a un ritmo diferente, para animar, para motivar, que buscar y diseña estrategias que conlleven a hacer entender y superar las dificultades y los malos momentos. 

Es@ maestr@ prudente que no levanta la voz para corregir y que con solo levantar un dedo todos le escuchan.  Ese maestr@ valiente que sabe reconocer sus errores y que lo utiliza estratégicamente para enseñar, es@ que no esta pegado a la nota y que ha entendido que cuando un estudiante ha superado sus dificultades o ha alcanzado los logros propuesto tiene que ganar, es@ maestr@ valiente que se enfrenta, lucha y defiende a sus estudiantes cuando tienen la razón, es@ que no le tiembla la mano para cambiar la nota porque ha entendido que la nota no es lo más importante sino el conocimiento adquirido,  ese maestr@ que después de muchos años  se encuentra con sus estudiantes jóvenes, señores, señoras o profesionales de cualquier índole, y con alegría se le acercan y le dicen MAESTR@, PROFES@R, yo soy fulano de tal, soy Pepito Pérez , de tal colegio, de tal promoción, se acuerda, se acuerda, de mi,... ese es un maestr@ que ha dejado huella, que ha trascendido, que ha transformado vidas, que permanece y perdura en la mente de sus estudiantes porque les toco el alma y los ayudo a transformar sus vidas. 


“Si después de una evaluación sincera, el ochenta por ciento de los profesores de un establecimiento gana el año, digamos que va bien ese colegio; si el sesenta por ciento apenas si gana el año, entonces podríamos decir que está en decadencia su institución”.



Esta es una carta anónima, con retoques personales, a una institución educativa sin nombre. Es una advertencia o un reclamo para cada uno de los maestros del MUNDO: depende cómo entendamos estas líneas. No está dicho todo, pero contiene bastantes rasgos de aquellos que caracterizan a los “maestros perdedores de año”. 



¡Cómo entender la razones de estos párrafos y cómo despejarnos en ellos: he ahí el dilema!

miércoles, 2 de octubre de 2019


Tertulias Pedagógicas Dialógicas (TPD)

Las tertulias pedagógicas dialógicas, siguiendo el mismo formato que las literarias, de arte, matemáticas, etc., es la herramienta que está acercando de un modo más directo y profundo las bases teóricas y científicas de las actuaciones educativas de éxito. Equipos de personas muy diversas implicadas en la educación de los niños y niñas, especialmente profesorado, asesores y asesoras, orientadores y orientadoras, etc., leen conjuntamente los libros más relevantes a nivel internacional recurriendo, siempre, a las fuentes originales. Conocidos también como “seminarios con el libro en la mano”, permiten evitar una práctica recurrente en educación que ha sido hablar y escribir sobre aquello que no se ha leído, dando lugar a interpretaciones apócrifas de las aportaciones teóricas y ocurrencias sobre las prácticas educativas. En este caso, la construcción colectiva del conocimiento se basa en el diálogo igualitario sobre la lectura, en el que siempre se indican el número de página y párrafo de aquello a lo que se está refiriendo en su comentario, crítica o análisis.
TEXTO PROPUESTO PARA LA TERTULIA PEDAGÓGICA





MINISTERIO DE EDUCACIÓN NACIONAL
RESOLUCIÓN
 No. 010402 01 OCT 2019

"Por la cual se fija el cronograma para la realización del proceso ordinario de traslados de docentes y directivos docentes estatales con derechos de carrera que laboran en instituciones educativas de las entidades territoriales certificadas en educación"

Parte II

¿Cómo reconocemos a un buen maestro?



Termino hoy con la lista de cualidades de lo que considero un buen maestro o maestra. Quedamos en que utilizaré ambos términos indistintamente para referirme a ambos géneros.

Los buenos docentes estimulan a sus estudiantes para que lean y estudien de manera independiente, y siempre les dan oportunidad de que se expresen, de que comenten en la clase sus lecturas. Un buen maestro es paciente, tiene sentido del humor, pero nunca inhibe a un alumno, nunca lo ridiculiza ni se mofa de él.

La buena maestra siempre se asegura de que sus alumnos entienden claramente lo que se espera de ellos. Muchos alumnos yerran o emprenden tareas equivocadamente porque no entendieron la pauta o el procedimiento supuestamente explicado, o contestan erróneamente porque la pregunta estuvo mal formulada por el docente. ¡Con cuántos "reactivos" de opción múltiple me he encontrado que son absolutamente incontestables! ¡Los estudios etnográficos realizados en el salón de clase nos muestran que el tiempo promedio que los docentes dan a sus alumnos para contestar una pregunta no llega, en promedio, a los tres segundos!

Los mejores docentes saben que la indisciplina se debe al aburrimiento, por eso son capaces de diseñar y poner en práctica actividades participativas en las que todos los alumnos se interesan. Organizan los contenidos alrededor de conceptos integradores que tengan una relación estrecha con problemas de la vida diaria de los alumnos y son capaces de integrar los saberes cotidianos con los saberes escolares.

Los buenos maestros saben utilizar muchos recursos y estrategias para el aprendizaje, no se limitan a "dar su clase". Organizan debates, discusiones, paneles, consultas, intercambios, seminarios; utilizan sistemáticamente la biblioteca escolar y otras bibliotecas, así como otros recursos de fuera de la escuela: folletos, revistas, periódicos, fotografías, carteles, videos, programas de televisión, películas, cintas magnetofónicas, etcétera. El buen maestro busca estos recursos, no se conforma con esperar a que le sean proporcionados.

Un buen maestro utiliza una diversidad de procedimientos para la evaluación formativa (durante el curso) y sumativa (final) de su propio curso y de los logros académicos de sus alumnos. Utiliza los resultados de la evaluación formativa para atender problemas y carencias, así como para reorientar su propio desempeño. En todo caso, un buen docente sabe que la evaluación es una actividad más de aprendizaje al servicio de sus alumnos y de él mismo. El buen maestro siempre busca formas de evaluar su propio trabajo.

Un buen docente dialoga con sus colegas, discute sistemáticamente sobre los problemas que tiene en su desempeño, pide consejo, asiste a otras clases para observar el desempeño de otros docentes y los invita para que observen sus propias clases para recibir la crítica de ellos. Los buenos maestros siempre participan con sus compañeros en la planificación y el desarrollo de las actividades institucionales.

Un buen maestr@, un buen docente, siempre está evolucionando, siempre está aprendiendo. Cuando un docente no está ya dispuesto a aprender, está acabado, como maestro y como persona. El maestro que comienza, el de poca experiencia, por lo general intenta enseñarles a sus alumnos lo que sabe; conforme avanza profesionalmente, el maestro diseña actividades de aprendizaje gracias a las cuales los alumnos aprenden por sí mismos lo que el maestro sabe; los maestros que logran mayor madurez son capaces de diseñar experiencias de aprendizaje en las que los alumnos profundizan en su propia formación, aprendiendo cosas diferentes a las que el maestro ya sabe; avanzan todavía más cuando son capaces de lograr que los alumnos mismos colaboren en el diseño de sus propias actividades de aprendizaje, durante el desarrollo de las cuales ellos construyen sus propios conocimientos; los mejores maestros logran que sus alumnos diseñen sus propias metas, piensen en sus propios objetivos y propósitos, pues con todo ello están contribuyendo a formar personas independientes, que toman decisiones por sí mismas. En todo ello deben ser considerados no solamente los conocimientos, sino también los procedimientos, los métodos, las actitudes, las relaciones interpersonales, los valores, el júbilo que produce el saber que lo que se hace está bien hecho.

Aunque la lista no es completa, ni mucho menos, vamos a dejarla allí para no abrumar al estoico lector. Pero si quien ha leído esto es padre de familia, o si es docente de cualquier nivel educativo, de la educación inicial al postgrado, o si es directivo de alguna institución de educación básica, media superior o superior, yo le invitaría a buscar quiénes de los maestros de sus hijos tienen estas características, si yo mismo como docente las tengo, si los docentes de la institución a mi cargo las ostentan, porque ocurre que todas estas cosas se aprenden o debieron ser aprendidas en la Normal, en los cursos y talleres de formación de docentes para la educación superior, y por lo tanto tenemos el derecho, como ciudadanos, de exigirlas en todos aquellos que se atreven a pararse frente a un grupo en cualquier establecimiento que pretende ser educativo.

martes, 1 de octubre de 2019

Revista mexicana de investigación educativa

versión impresa ISSN 1405-6666

RMIE vol.13 no.39 México oct./dic. 

 

In memoriam

¿Cómo reconocemos a un buen maestro?

Juan Manuel Gutiérrez Vazquez

Parte I

Me atrevo a escribir sobre este asunto porque son muchas las personas que me han preguntado al respecto, entre ellas madres y padres de familia, pero también no pocos maestros y directores de escuela de diferentes niveles educativos. Por supuesto que en asunto tan debatido, tan dependiente de contextos culturales e incluso biogeográficos, no es sencillo alcanzar un consenso razonable y operativo, que nos sirva para actuar en consonancia. Recuerdo que, cuando trabajaba en un poblado de 350 habitantes, hace más de 20 años, para los padres de familia un buen maestro de Jardín de Niños debería lograr que sus alumnos aprendieran a leer y escribir antes de terminar su educación preescolar, lo cual es a todas luces una barbaridad. Y también me viene a las mente aquél otro señor director de una facultad universitaria, para quien los buenos docentes terminaban con el programa de su materia, incluso antes de concluir el período lectivo, lo cual es otra barbaridad, pues un docente a quien le sobra tiempo no es un buen maestro. Por todo ello es que en estas notas procuraré dar con las características más generales de lo que para mí es un buen maestro, independientemente del lugar y del nivel educativo.

Un buen maestro o maestra (y de aquí en adelante usaré indistintamente uno u otro género para referirme a ambos) tiene un concepto positivo de sí mismo y de su trabajo; esto es que cree en sí mismo como persona y como maestro, que está seguro de que con su quehacer está promoviendo y fortaleciendo el desarrollo físico, intelectual, afectivo, social y moral de sus alumnos, que él es un factor fundamental en la consolidación y perfeccionamiento de sus pupilos como seres humanos, como individuos. Una buena maestra se considera a sí misma como una verdadera profesional de la educación, y por tanto siempre se conduce profesionalmente. Quedan fuera, pues, quienes son maestros por tener una "chamba"; quienes escogieron la carrera porque les ofrece una plaza segura; quienes ven su desempeño como una obligación impuesta por directivos y supervisores.

Las mejores maestras saben que sus alumnos son personas en cuyo desarrollo humano están colaborando, por lo que saben cultivar y promover en ellos el desarrollo de las competencias culturales básicas de comunicación, pensamiento crítico, resolución de problemas y de participación, así como el desarrollo y consolidación de los valores cívicos y culturales fundamentales.

Los buenos maestros tienen expectativas positivas de sus alumnos, desde el principio hasta el fin. Saben que un buen docente es como Pygmalión, que con base en su esmero, dedicación, cariño y expectativas, logra que Galatea, una estatua de mármol por él esculpida, cobre vida y calor. Bien se sabe que uno de los factores clave en el éxito escolar está constituido por lo que la institución y sus docentes esperan de sus alumnos, del auténtico interés que pongan en ellos, de las perspectivas que tracen juntos. Los buenos maestros son humanos, amigables y comprensivos; saben construir un ambiente agradable y estimulante en el salón y en la escuela; tienen confianza en la capacidad de todos sus alumnos y logran que todos ellos tengan éxito. Eso de que un buen maestro tiene siempre muchos reprobados es una aberración.

Las buenas maestras nunca culpan a sus alumnos del fracaso; saben que para que se dé dicho fracaso han entrado en juego muchos factores: la falta de preparación y de dedicación de uno mismo como docente, la escasa comprensión de los problemas por los que el alumno atraviesa, la poca o nula e incluso contraproducente motivación que el pupilo tenga en su hogar, la ineficaz estrategia seguida para que el alumno aprenda, la mala calidad e insuficiencia de los materiales educativos, las malas condiciones en que se encuentra la institución, las faltas y suspensiones de labores, la no consideración de las necesidades específicas del estudiante que está fracasando, la menguada pertinencia de los contenidos, lo agresivo de las evaluaciones, en fin. No es el alumno el culpable de todo ello.

Las mejores maestras logran mucha participación de sus alumnos. La participación más importante es involucrar intelectual y afectivamente a los estudiantes, ellos no tienen que estar brincando o yendo de un lugar a otro para mostrar que están activos. No confundamos el silencio que requiere la actividad mental profunda e intensa con el silencio de la apatía o del aburrimiento. Para conseguir la actividad mental, el buen docente hace buenas peguntas, preguntas reflexivas, abiertas, que no se contesten con un sí o un no, que no se contesten con una sola palabra; preguntas que requieran de reflexión y se contesten con respuestas elaboradas, que a menudo se van encadenando con los aportes de varios estudiantes. La buena maestra siempre pide a sus alumnos que den ejemplos concretos de lo que dicen y siempre favorece el aprendizaje cooperativo, el trabajo colectivo. Nunca pone a competir a unos con otros ni muestra el trabajo de la "mejor alumna" como ejemplo de lo que todos los demás deben hacer. Los buenos docentes saben que los principales protagonistas en el proceso de aprendizaje son los alumnos.

Continuaré mañana con mi lista.