domingo, 26 de mayo de 2013

PREGUNTAS DE SELECCIÓN MÚLTIPLE CON ÚNICA RESPUESTA

PREGUNTAS DE SELECCIÓN MÚLTIPLE CON ÚNICA RESPUESTA
EJEMPLOS TIPO DE PREGUNTAS DE MATEMÁTICAS USADOS EN LOS EXÁMENES DE INGRESO AL ESCALAFÓN DOCENTE. 

Nota: Te recuerdo que debes tener cierta calma, leer bien el ejercicio, si no puede resolverlo al primer intento investiga primero, luego plantéalo y utiliza tu razonamiento lógico. Nunca marque antes de estar completamente seguro(a). Animo, animo.

16.-  Un tanque tiene dos llaves y un desagüe, una llave lo llena en 4 horas, la otra lo llena en 12 horas, estando cerradas las dos llaves y se abre el desagüe, este  lo desocupa en 15 horas. El tiempo en que se llenara el tanque, si se abren  las dos llaves y el desagüe al mismo instante  y se supone la presión constate en el tanque es: 

a)     3 h         
       
 b)  3h 15 min  
                 
c)      3 h 30 min 
                   
d)  3h 45 min

17.-  La suma de la quinta parte de un número con sus 3/8   exceden en 49 al doble de la diferencia entre 1/6 y 1/12 del número. El numero que cumple esta condición es:

a)  40            
      
b)  80     
               
c)   120   

d)   200

18.- Un niño recorre un parque hexagonal  de 10 metros de lado. Si con cada paso recorre 50 cm el número de pasos que necesita para recorrer totalmente el parque es:

a) 60                       

b)   120                 

c)   50                       

d) 500

19.- Los 2/3 de la suma de dos números es 74 y los 3/5 de su diferencia es 9. El menor de los números es:

a)    48                      

b)  63                        

c)     12                            

d)   45

20.- La cantidad de números distintos de tres cifras que se pueden escribir con los números 4, 5, 6, 7, 8 y 9 es:

a)  20       
                             
b)   30    
                
c)   60    
                 
 d)  120


domingo, 19 de mayo de 2013

EL GRAN DILEMA.


MAYO19 DE 2013

EL
GRAN DILEMA.
¿CUÁL ES LA ESCUELA QUE DESEAMOS? UNA ESCUELA TRISTE,  DEPRIMIDA Y DESOLADO O UNA ESCUELA DINÁMICA, ALEGRE Y DIVERTIDA.  

En la escuela más triste de China los niños se sientan sobre un ataúd, en el Choco los niños tienen que caminar más de cinco horas para llegar a ser felices a su escuela y en las escuelas que tenemos menos dificultades, pareciera  que tener una buena amistad  y buscar la felicidad es un motivo para ser tenido en cuenta en la mira de la inquisición”.  


Estas son algunas de las utopías de la educación, mientras en unos lugares los maestros y los niños hacen verdaderos sacrificios para estudiar y salir adelante, en otras pareciera que estamos empeñados en que cada día los estudiantes vayan olvidándola y abandonándola. Año tras año nos vamos dando cuenta que los que asisten a clase son menos; la mayoría de los comúnmente desertores se marchan a cometer actos delictivos, a perderse en el ocio, en la pereza o tal vez a vagabundear por el barrio o la vereda.
Ahora a los que asisten con sus grandes dificultades y sacrificios que a lo mejor desconocemos, deberíamos procurarles en la escuela un lugar donde disipar sus penas, un lugar más alegre, un lugar donde prosperen los sueños y la felicidad, en otras palabras una escuela más humana.


Es probable que estas historias nos sensibilicen un poco, con lo cual llegaremos a ser mejores maestros y a valorar nuestro lugar de trabajo y nuestra profesión.
“En la escuela más triste de China los niños se sientan sobre un ataúd”, es imposible que este titular pase inadvertido, el artículo es de obligada lectura.


Esta es la escuela a la que acuden unos niños chinos tras recorrer  un radio de diez kilómetros, cruzando montañas y peligrosos desfiladeros. Superan los obstáculos naturales construyendo escaleras de cuerdas y bambú, arriesgan su vida para poder recibir una educación. No cuentan con comedor (no tienen comida), ni ordenadores, ni pizarras digitales, ni libros, ni pupitres… Al principio de curso los propios alumnos fabrican su silla y, para los que no puedan, el profesor ha colocado como asiento el ataúd de madera de su madre.

“Aún así, los niños todas las mañanas realizan el camino a su escuela con una sonrisa, sabiendo que, aunque se jueguen la vida entre desfiladeros, y que al llegar se tendrán que sentar sobre un ataúd, por lo menos en el colegio se supone que aprenderán la forma en que un día podrán cambiar las cosas.”


Tal es su esperanza, que ellos mismos están arreglando la escuela y el camino. Formando así, una verdadera sociedad educativa.


Son todo un ejemplo de solidaridad, esfuerzo, trabajo, esperanza, grandeza y lucha y un maestro que a pesar de todas las dificultades tiene bien claro su función como FORMADOR y lo que debe hacer para ayudar a salir de la miseria a sus estudiantes. Un símbolo del valor de la educación. Ahora, reflexionando sinceramente, qué impide que nosotros independientemente del lugar donde trabajemos demos lo mejor de si mismo.




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La Travesía De Wikdi

POR ALBERTO SALCEDO RAMOS/ FOTOGRAFÍAS DE CAMILO ROZO/ PRODUCCIÓN DE STEPHANIE KISNER

Wikdi es un niño que vive en Chocó y que debe caminar cinco horas diarias para ir y volver a su escuela. El cronista Alberto Salcedo Ramos lo acompañó en un recorrido.




Esos recorridos de Wikdi han tenido como escenario desde masacres de paramilitares hasta el riesgo de enfrentarse a los animales de la selva. 
En la áspera trocha de ocho kilómetros que separa a Wikdi de su escuela se han desnucado decenas de burros. Allí, además, los paramilitares han torturado y asesinado a muchas personas. Sin embargo, Wikdi no se detiene a pensar en lo peligrosa que es esa senda atestada de piedras, barro seco y maleza. Si lo hiciera, se moriría de susto y no podría estudiar. En la caminata de ida y vuelta entre su rancho, localizado en el resguardo indígena de Arquía, y su colegio, ubicado en el municipio de Unguía, emplea cinco horas diarias. Así que siempre afronta la travesía con el mismo aspecto tranquilo que exhibe ahora, mientras cierra la corredera de su morral.

Son las 4:35 de la mañana. En enero la temperatura suele ser de extremos en esta zona del Darién chocoano: ardiente durante el día y gélida durante la madrugada. Wikdi —trece años, cuerpo menudo— tirita de frío. Hace un instante le dijo a Prisciliano, su padre, que prefiere bañarse de noche. En este momento ambos especulan sobre lo helado que debe de haber amanecido el río Arquía. 

—Menos mal que nos bañamos anoche —dice el padre.
—Esta noche volvemos al río —contesta el hijo.

Diagonal adonde ellos se encuentran, un perro se acerca al fogón de leña emplazado en el suelo de tierra. Arquea el lomo contra uno de los ladrillos del brasero, y allí se queda recostado absorbiendo el calor. Prisciliano le pregunta a su hijo si guardó el cuaderno de geografía en el morral. El niño asiente con la cabeza, dice que ya se sabe de memoria la ubicación de América. El padre mira su reloj y se dirige a mí.

—Cinco menos veinte —dice. 

Luego agrega que Wikdi ya debería ir andando hacia el colegio. Lo que pasa, explica, es que en esta época clarea casi a las seis de la mañana y a él no le gusta que el muchachito transite por ese camino tan anochecido. Hace unos minutos, cuando él y yo éramos los únicos ocupantes despiertos del rancho, Prisciliano me contó que el nacimiento de Wikdi, el mayor de sus cinco hijos, sucedió en una madrugada tan oscura como esta. Fue el 13 de mayo de 1998. A Ana Cecilia, su mujer, le sobrevinieron los dolores de parto un poco antes de las tres de la mañana. Así que él, fiel a un antiguo precepto de su etnia, corrió a avisarles a los padres de ambos. Los cuatro abuelos se plantaron alrededor de la cama, cada uno con un candil encendido entre las manos. Entonces fue como si de repente todos los kunas mayores, muertos o vivos, conocidos o desconocidos, hubieran convertido la noche en día solo para despejarle el horizonte al nuevo miembro de la familia. Por eso Prisciliano cree que a los seres de su raza siempre los recibe la aurora, así el mundo se encuentre sumergido en las tinieblas. Eso sí —concluye con aire reflexivo—: aunque lleven la claridad por dentro arriesgan demasiado cuando se internan por la trocha de Arquía en medio de tamaña negrura. 

Prisciliano —treinta y ocho años, cuerpo menudo— espera que el sacrificio que está haciendo su hijo valga la pena. Él cree que en la Institución Educativa Agrícola de Unguía el niño desarrollará habilidades prácticas muy útiles para su comunidad, como aplicar vacunas veterinarias o manejar fertilizantes. Además, al culminar el bachillerato en ese colegio de “libres” seguramente hablará mejor el idioma español. Para los indígenas kunas, “libres” son todas aquellas personas que no pertenecen a su etnia. 

—El colegio está lejos —dice— pero no hay ninguno cerca. El que tenemos nosotros aquí en el resguardo solo llega hasta quinto grado, y Wikdi ya está en séptimo. 
—La única opción es cursar el bachillerato en Unguía.
—Así es. Ahí me gradué yo también.

Prisciliano advierte que con el favor de Papatumadi —es decir, Dios— Wikdi estudiará para convertirse en profesor una vez termine su ciclo de secundaria. 

—Nunca le he insinuado que elija esa opción —aclara—. Él vio el ejemplo en casa porque yo soy profesor de la escuela de Arquía.

¿Podrá Wikdi abrirse paso en la vida con los conocimientos que adquiera en el colegio de los “libres”? Es algo que está por verse, responde Prisciliano. Quizá se enriquecerá al asimilar ciertos códigos del mundo ilustrado, ese mundo que se encuentra más allá de la selva y el mar que aíslan a sus hermanos. Se acercará a la nación blanca y a la nación negra. De ese modo contribuirá a ensanchar los confines de su propia comarca. Se documentará sobre la historia de Colombia, y así podrá, al menos, averiguar en qué momento se obstruyeron los caminos que vinculaban a los kunas con el resto del país. Estudiará el Álgebra de Baldor, se aprenderá los nombres de algunas penínsulas, oirá mencionar a Don Quijote de la Mancha. Después, transformado ya en profesor, les transmitirá sus conocimientos a las futuras generaciones. Entonces será como si otra vez, por cuenta de los saberes de un predecesor, brotara la aurora en medio de la noche. 

—Las cinco y todavía oscuro —dice ahora Prisciliano.

Anabelkis, su cuñada, ya está despierta: hierve café en el mismo fogón en el que hace un momento tomaba calor el perro. Su marido intenta tranquilizar al bebé recién nacido de ambos, que llora a moco tendido. Nadie más falta por levantarse, pues Ana Cecilia y los otros hijos de Prisciliano durmieron anoche en Turbo, Antioquia. En el radio suena una conocida canción de despecho interpretada por Darío Gómez. 

Ya lo ves me tiré el matrimonio
y ya te la jugué de verdad
fuiste mala, ay, demasiado mala
pero en esta vida todo hay que aguantar.

El fogón es ahora una hoguera que esparce su resplandor por todo el recinto. Cantan los gallos, rebuznan los burros. En el rancho ha empezado a bullir la nueva jornada. Más allá siguen reinando las tinieblas. Pareciera que en ninguna de las 61 casas restantes del cabildo se hubiera encendido un solo candil. Eso sí: cualquiera que haya nacido aquí sabe que, a esta hora, la mayoría de los 582 habitantes de la comarca ya está en pie. 
Wikdi le dice hasta luego a Prisciliano en su lengua nativa (“¡kusalmalo!”), y comienza a caminar a través del pasillo que le van abriendo los cuatro perros de la familia. 
Hemos caminado por entre un riachuelo como de treinta centímetros de profundidad. Hemos atravesado un puente roto sobre una quebrada sin agua. Hemos escalado una pendiente cuyas rocas enormes casi no dejan espacio para introducir el pie. Hemos cruzado un trecho de barro revestido de huellas endurecidas: pezuñas, garras, pisadas humanas. Hemos bajado por una cuesta invadida de guijarros filosos que parecen a punto de desfondarnos las botas. Ahora nos aprestamos a vadear una cañada repleta de peñascos resbaladizos. Un vistazo a la izquierda, otro a la derecha. Ni modo, toca pisar encima de estas piedras recubiertas de cieno. Me asalta una idea pavorosa: aquí es fácil caer y romperse la columna. A Wikdi, es evidente, no lo atormentan estos recelos de nosotros los “libres”: zambulle las manos en el agua, se remoja los brazos y el rostro. 
Hace hora y media salimos de Arquía. La temperatura ha subido, calculo, a unos 38 grados centígrados. Todavía nos falta una hora de viaje para llegar al colegio, y luego Wikdi deberá hacer el recorrido inverso hasta su rancho. Cinco horas diarias de travesía: se dice muy fácil, pero créanme: hay que vivir la experiencia en carne propia para entender de qué les estoy hablando. En esta trocha —me contó Jáider Durán, exfuncionario del municipio de Unguía— los caballos se hunden hasta la barriga y hay que desenterrarlos halándolos con sogas. Algunos se estropean, otros mueren. Unos zapatos primorosos de esos que usa cierta gente en la ciudad —unos Converse, por ejemplo— ya se me habrían desbaratado. Aquí los pedruscos afilados taladran la suela. El caminante siente las punzadas en las plantas de los pies aunque calce botas pantaneras como las que tengo en este momento.
—¡Qué sed! —le digo a Wikdi.
—¿Usted no trajo agua?
—No.
—Apenas nos faltan tres puentes para llegar al pueblo.
Agradezco en silencio que Wikdi tenga la cortesía de intentar consolarme. Entonces él, tras esbozar una sonrisa candorosa, corrige la información que acaba de suministrarme.
—No, mentiras: faltan son cuatro puentes. 
En la gran urbe en la que habito, mencionar a un niño indígena que gasta cinco horas diarias caminando para poder asistir a la escuela es referirse al protagonista de un episodio bucólico. ¡Qué quijotada, por Dios, qué historias tan románticas las que florecen en nuestro país! Pero acá, en el barro de la realidad, al sentir los rigores de la travesía, al observar las carencias de los personajes implicados, uno entiende que no se encuentra frente a una anécdota sino frente a un drama. Visto desde lejos, un camino de herradura en el Chocó o en cualquier otro lugar de la periferia colombiana es mero paisaje. Visto desde cerca es símbolo de discriminación. Además se transforma en pesadilla. Cuando la trocha se sale de la foto de Google y aparece debajo de uno, es un monstruo que hiere los pies. Produce quemazón entre los dedos, acalambra los músculos gemelos. Extenúa, asfixia, maltrata. Sin embargo, Wikdi luce fresco. Tiene la piel cubierta de arena pero se ve entero. Le pregunto si está cansado.
—No.
—¿Tienes sed?
—Tampoco. 
Wikdi calla, y así, en silencio, se adelanta un par de metros. Luego, sin mirarme, dice que lo que tiene es hambre porque hoy se vino sin desayunar. 

—¿Cuántas veces vas a clases sin desayunar?
—Yo voy sin desayunar, pero en el colegio dan un refrigerio.
—Entonces comes cuando llegues.
—El año pasado era que daban refrigerio. Este año no dan nada.

Captada en su propio ambiente, digo, la historia que estoy contando suscita tanta admiración como tristeza. Y susto: aquí los paramilitares han matado a muchísimas personas. Hubo un tiempo en el que adentrarse en estos parajes equivalía a firmar anticipadamente el acta de defunción. El camino quedó abandonado y fue arrasado por la maleza en varios tramos. Todavía hoy existen partes cerradas. Así que nos ha tocado desviarnos y avanzar, sin permiso de nadie, por el interior de algunas fincas paralelas. Doy un vistazo panorámico, tanteo la magnitud de nuestra soledad. En este instante no hay en el mundo un blanco más fácil que nosotros. Si nos saliera al paso un paramilitar dispuesto a exterminarnos, lo conseguiría sin necesidad de despeinarse. Sobrevivir en la trocha de Arquía, después de todo, es un simple acto de fe. Y por eso, supongo, Wikdi permanece a salvo al final de cada caminata: él nunca teme lo peor.

—Faltan dos puentes —dice.

Solo una vez se ha sentido en riesgo. Caminaba distraído por un atajo cuando divisó, de improviso, una culebra que iba arrastrándose muy cerca de él. Se asustó, pensó en devolverse. También estuvo a punto de saltar por encima del animal. Al final no hizo ni lo uno ni lo otro, sino que se quedó inmóvil viendo cómo la serpiente se alejaba.

—¿Por qué te quedaste quieto cuando viste la culebra?
—Me quedé así.
—Sí, pero ¿por qué?
—Yo me quedé quieto y la culebra se fue.
—¿Tú sabes por qué se fue la culebra? 
—Porque yo me quedé quieto.
—¿Y cómo supiste que si te quedabas quieto la culebra se iría?
—No sé.
—¿Tu papá te enseñó eso?
—No.

Deduzco que Wikdi, fiel a su casta, vive en armonía con el universo que le correspondió. Él, por ejemplo, marcha sin balancear los brazos hacia atrás y hacia adelante, como hacemos nosotros, los “libres”. Al llevar los brazos pegados al cuerpo evita gastar más energías de las necesarias. Deduzco también que tanto Wikdi como los demás integrantes de su comunidad son capaces de mantenerse firmes porque ven más allá de donde termina el horizonte. Si se sentaran bajo la copa de un árbol a dolerse del camino, si solo tuvieran en cuenta la aspereza de la travesía y sus peligros, no llegarían a ninguna parte. 

—¿Tú por qué estás estudiando?
—Porque quiero ser profesor.
—¿Profesor de qué?
—De inglés y de matemáticas. 
—¿Y eso para qué?
—Para que mis alumnos aprendan.
—¿Quiénes van a ser tus alumnos?
—Los niños de Arquía.

Deduzco, además, que para hacer camino al andar como proponía el poeta Antonio Machado, conviene tener una feliz dosis de ignorancia. Que es justamente lo que sucede con Wikdi. Él desconoce las amenazas que representan los paramilitares, y no se plantea la posibilidad de convertirse, al final de tanto esfuerzo, en una de las víctimas del desempleo que afecta a su departamento. En el Chocó, según un informe de las Naciones Unidas que será publicado a finales de este mes, el 54% de los habitantes sobrevive gracias a una ocupación informal. Allí, en el año 2002, el 20% de la población devengaba menos de dos dólares diarios. En esta misma región donde nos encontramos, a propósito, se presentó en 2007 una emergencia por desnutrición infantil que ocasionó la muerte de doce niños. Wikdi, insisto, no se detiene a pensar en tales problemas. Y en eso radica parte de la fuerza con la que sus pies talla 35 devoran el mundo. 

—Ese es el último puente —dice, mientras me dirige una mirada astuta. 
—¿El que está sobre el río Unguía?
—Sí, ese. Ahí mismito está el pueblo.


***
La Institución Educativa Agrícola de Unguía, fundada en 1961, ha forjado ebanistas, costureras, microempresarios avícolas. Pero hoy el taller de carpintería se encuentra cerrado, no hay ni una sola máquina de modistería y tampoco sobrevive ningún pollo de engorde. Supuestamente, aquí enseñan a criar conejos; sin embargo, la última vez que los estudiantes vieron un conejo fue hace ocho años. Tampoco quedan cuyes ni patos. En los 18 salones de clases abundan las sillas inservibles: están desfondadas, o cojas, o sin brazos. La sección de informática causa tanto pesar como indignación: los computadores son prehistóricos, no tienen puerto de memoria USB sino ranuras para disquetes que ya desaparecieron del mercado. Apenas cinco funcionan a medias. Recorrer las instalaciones del colegio es hacer un inventario de desastres.

—Este año no hemos podido darles a los estudiantes su refrigerio diario —dice Benigno Murillo, el rector—. El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, que es el que nos ayuda en ese campo, nos mandó un oficio informándonos que volverá a dar la merienda en marzo. Hemos tenido que reducir la duración de las clases y finalizar las jornadas más temprano. ¡Usted no se imagina la cantidad de muchachos que vienen sin desayunar!

Ahora los estudiantes del grupo Séptimo A van entrando atropelladamente al salón. Se sientan, sacan sus cuadernos. En el colegio nadie conoce a nuestro personaje como Wikdi: acá le llaman ‘Anderson’, el nombre alterno que le puso su padre para que encajara con menos tropiezos en el ámbito de los “libres”. 

—Anderson —dice el profesor de geografía—: ¿trajo la tarea?

Mientras el niño le muestra el trabajo al profesor, reviso mi teléfono celular. Está sin señal, un trasto inútil que durante la travesía solo me ha funcionado como reloj despertador. La “aldea global” que los pontífices de la comunicación exaltan desde los tiempos de McLuhan, sigue teniendo más de aldea que de global. En el mundo civilizado vamos a remolque de la tecnología; en estos parajes atrasados la tecnología va a remolque de nosotros. Allá, en las grandes ciudades, al otro lado de la selva y el mar, el hombre acorta las distancias sin necesidad de moverse un milímetro. Acá toca calzarse las botas y ponerle el pecho al viaje. 

—América es el segundo continente en extensión —lee el profesor en el cuaderno de Anderson.

Se me viene a la mente una palabra que desecho en seguida porque me parece gastada por el abuso: ‘odisea’. Para entrar en este lugar de la costa pacífica colombiana que parece enclavado en el recodo más hermético del planeta, toca apretar las mandíbulas y asumir riesgos. El trayecto entre mi casa y el salón en el cual me encuentro este martes ha sido uno de los más arduos de mi vida: el domingo por la mañana abordé un avión comercial de Bogotá a Medellín. La tarde de ese mismo día viajé a Carepa —Urabá antioqueño— en una avioneta que mi compañero de viaje, el fotógrafo Camilo Rozo, describió como “una pequeña buseta con alas”. En seguida tomé un taxi que, una hora después, me dejó en Turbo. El lunes madrugué a embarcarme, junto con veintitrés pasajeros más, en una lancha veloz que se abrió paso en el enfurecido mar a través de olas de tres metros de alto. Atravesé el caudaloso río Atrato, surqué la Ciénaga de Unguía, hice en caballo el viaje de ida hacia el resguardo de los kunas. Y hoy caminé con Wikdi, durante dos horas y media, por la trocha de Arquía. 

El profesor sigue hablando:
—Chocó, nuestro departamento, es un puntito en el mapa de América.

¡Ah, si bastara con figurar en el Atlas Universal para ser tenido en cuenta! Estas lejuras de pobres nunca les han interesado a los indolentes gobernantes nuestros, y por eso los paramilitares están al mando. En la práctica ellos son los patronos y los legisladores reconocidos por la gente. ¿Cómo se podría romper el círculo vicioso del atraso? En parte con educación, supongo. Pero entonces vuelvo al documento de las Naciones Unidas. Según el censo de 2005, Chocó tiene la segunda tasa de analfabetismo más alta en Colombia entre la población de 15 a 24 años: 9,47%. Un estudio de 2009 determinó que en el departamento uno de cada dos niños que terminan la educación primaria no continúa la secundaria. En este punto pienso, además, en un dato que parece una mofa de la dura realidad: el comandante de los paramilitares en el área es apodado ‘el Profe’. 

Anderson regresa sonriente a su silla. Me pregunto adónde lo llevará el camino al final del ciclo académico. Su profesora Eyda Luz Valencia, que fue quien lo bautizó con el nombre de “libre”, cree que llegará lejos porque es despabilado y tiene buen juicio a la hora de tomar decisiones. Existen razones para vaticinar que no será un ‘profe’ siniestro como el de los paramilitares, sino un profesor sabio como su padre, capaz de improvisar una aurora aunque la noche esté perdida en las tinieblas.
Igual sucede con nuestros niños del Guainía, del Vaupés, del Amazonas, de Nariño, del Cauca y de muchos otros lugares de Colombia, donde niños y docentes luchan por alcanzar un futuro mejor y por su felicidad, nosotros, también procuraremos luchar por el futuro de nuestros jóvenes y por su felicidad.  

Estén seguros que no comparto la teoría de formar hombres y mujeres sumisos y esclavos del sistema, niños y jóvenes cayados y temeros de su escuela, hombres y mujeres con una creencia divina  de que Dios los ama por que están predestinado a sufrir y a seguir siendo pobres por siempre, hombres y mujeres sin derecho al progreso y menos a opinar. No. Comparto la idea de formar hombres y mujeres libres, que puedan protestar ante la injusticia, defender sus derechos  y sobre todo con la idea clara de que la educación es la mejor forma cerrar la brecha de la pobreza y mejorar su calidad de vida. Hombres y mujeres que tengan el sueño de ir a la universidad y no morir esclavos de un salario de miseria. 
 

                             JJ = J2

EJEMPLOS TIPO DE PREGUNTAS DE MATEMÁTICAS


PREGUNTAS DE SELECCIÓN MÚLTIPLE CON ÚNICA RESPUESTA
EJEMPLOS TIPO DE PREGUNTAS DE MATEMÁTICAS USADOS EN LOS EXÁMENES DE INGRESO AL ESCALAFÓN DOCENTE. 
Nota: Te recuerdo que debes tener cierta calma, leer bien el ejercicio, si no puede resolverlo al primer intento investiga primero, luego plantéalo y utiliza tu razonamiento lógico. Nunca marque antes de estar completamente seguro(a). Animo, animo.
11.- Una  llave llena un tanque en 4 días, otra llave llena el mismo tanque en 6 días. Si el tanque esta vacío y se abren las dos llaves, el tiempo que demora el tanque en llenarse es:

a)  3 h  10 min            
b)   2 h 42 min        
c)      2 h  30 min          
d) 2 h 24 min

12.-  El número que es media proporcional entre los números 16 y 25 es:

a) 6                            
b)  18                       
c)    41                       
d) 20

13.- Tres obreros emprenden un trabajo en común. Si se sabe que reciben por el mismo     $ 6.000 y que   han  trabajado respectivamente  2, 3 y 5 horas. Lo que le corresponde al que trabajo 3 horas es:

a)  $  3.000                    
b)  $  1.800                    
c) $  2.000                
d)   $ 1.200

14.- Una vara  de 4 m esta al lado de un edificio de 20 m.   Si  la  medición se hace a la misma hora y la sombra de la vara  es 4 metros menor que la sombra del edificio. La sombra proyectada por el edificio:

a)  6                  
b)  3                         
c)  5                                    
d)   4   

15.- Una construcción en la vereda Cacicazgo puede ser hecha por 70 obreros en 42 días. Si el plazo para entregarla es solo de 30 días. El número de obreros que deben ser aumentados para entregarla en el tiempo requerido es:

a)  28  ob.                  
b)  98                
c)   50                        
d)   100

lunes, 13 de mayo de 2013

PREGUNTAS DE SELECCIÓN MÚLTIPLE CON ÚNICA RESPUESTA


PREGUNTAS DE SELECCIÓN MÚLTIPLE CON ÚNICA RESPUESTA


EJEMPLOS TIPO DE PREGUNTAS DE MATEMÁTICAS USADOS EN LOS EXÁMENES DE INGRESO AL ESCALAFÓN DOCENTE. 

6.- En una reunión  la mitad de los asistentes son mujeres, los tres cuartos del resto son hombres, los demás son 7 niños. El número de mujeres en la reunión es:


a)    14                        b)  21                                c)     28                               d) 56



7.- La tercera parte de la suma de dos números es 8. El doble de la suma es:


a)   80                        b)  48                                 c)   45                                 d)  60


8.- De igual manera se sabe que en la I.E.R.D. CACICAZGO cuentan con un cronometro se atrasa  20 segundos cada hora, si se quiere medir un tiempo exacto de 3 horas y media, este debe ser parado a:


a)  3 h 30 m 10 s          b)  3 h 29 m 10 s        c)   3 h  28m 50 s         d)  3 h 29 m 30 s     

                         

9) La distancia a la que se encuentran los autos del punto departida es:


a)  480 Km          b)    640 Km          c)  420 Km         d)  400 km


10) La tercera parte de los 6/5 de los 3/2 de mi dinero es $ 2.700 el dinero que tengo es:


a) 1500                b)   3000                c)  4500                        d)  6300

lunes, 6 de mayo de 2013

DÍA DE LA MADRE


DÍA DE LA MADRE




A ti mamita


Tú me diste la vida y pagarte no podré. Este mundo tan grande, en el que hay llantos y risas, contigo yo estaré. Que hubiese sido de mi vida, si a mi lado no estuvieses. Con tantas cosas sucedidas, tantas lágrimas derramadas, tanta pena que me inunda, tanta tristeza acumulada. Si a mi lado no estuvieses, mi vida estaría perdida. No hay oro suficiente, con el que poderte pagar, pero a tu lado siempre me podrás encontrar. Mi madre, mi amiga.  Para que pedir más te quiero mamita querida.



CARTA A MI MADRE QUERIDA



Mami,
hoy te escribo esta sencilla y humilde carta,
por tantos, pero tantos motivos...

la principal 
porque te quiero, y además porque hoy es tu día.
Es bueno saber que existe este día, realmente creo que cada hijo en este mundo tiene que estarle agradecido a su madre por cada cosa, quizás haya chicos que ya no la tengan; yo le doy gracias a Dios porque te tengo, y porque todavía puedo compartir cada minuto de mi vida contigo; por eso te escribo esto, para poder de alguna forma expresarte todo lo que siento:
  • Gracias mamá por ese día en que me enseñaste a dar mi primer pasito, porque me diste la seguridad de tus brazos, que me sostuvieron siempre para que no me caiga.
  • Gracias mamá porque junto a ti aprendí el significado de la palabra más hermosa: AMOR.
  • Gracias mamá por cada velita que me ayudaste a apagar.
  • Gracias mamá por pasar noches enteras orando y velando por mi cuando yo estaba en un problema o cuando estaba enfermo.
  • Gracias mamá por compartir todas mis alegrías y por ayudarme en mis tristezas.
  • Gracias mamá por escucharme, aconsejarme, por luchar por mi, por darme tu hermoso hombro para que pueda llorar en él, y compartir tus lágrimas para luego sonreír porque juntos habíamos encontrado la solución.
    • Gracias mamá porque hiciste cumplir mi mayor deseo y quizás el sueño de mi vida, porque sufriste días y noches enteras en hacer lo mejor para que yo pudiera  ser feliz.




CONCURSO…POEMA   A LA MADRE CACIQUISTA… ENVIAR SUS POEMAS AL CORREO jaimeangulop@yahoo.es



domingo, 5 de mayo de 2013

Dia Del Maestro


MARTES 10 DE MAYO DEL 2013
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IA DEL MAESTRO
Con este artículo quiero rendir homenaje a todos los maestros caciquistas, por que he visto en ellos el compromiso y la convicción de lograr con su trabajo el cambio de una vereda, de un municipio y de una sociedad que había sido abandonada  en el propio corazón de Cundinamarca.

De todas las profesiones, la de maestro o educador debería ser una de las más valoradas, reconocidas y reverenciadas, pero a veces recibimos más que un balde de agua fría. Sea en las sociedades modernas y tecnológicamente más avanzadas, sea en las sociedades de los países más pobres, el papel del maestro es siempre capital ya que, es obvio que por sus manos pasan decenas, centenares de niños o jóvenes, a los que no sólo tienen que enseñar, sino también formar como ciudadanos, estoy seguro que no hay un solo profesional, intelectual o líder del mundo que no haya pasado por las manos de un maestro(a).

 En Finlandia, para ser maestro hay que sacar una carrera de cinco años, y hacer otro año más de doctorado. Después, el trabajo es uno de los más valorados a la vez que exigentes dentro de su escala laboral. Los maestros no tienen una plaza fija. No la necesitan. Los colegios se pelean por ellos y tienen no sólo libertad de cátedra, sino de textos, de lugares en que dar las clases, de pedagogía, método, etc.

En España, hasta la época de la II República, un maestro era pocomenos que un pordiosero. Fue Fernando de los Ríos el que dignificó su papel, le mejoró las condiciones económicas e hizo que fuera más valorado por la sociedad. De hecho, en la base del salto a la modernidad de España, el trabajo de Fernando de los Ríos durante sus años en el Ministerio de Educación, aún sigue dando sus frutos.
Hoy, aunque afortunadamente las cosas han cambiado, la profesión de maestro en España se parece muy poco a lo que hemos visto que hay en Finlandia. Es España, ser maestro es cualquier cosa menos una bicoca. Aquí, los buenos maestros siguen siendo vocacionales y su trabajo no está pagado con dinero.

Todos tenemos a nuestros profes como referencia, siempre recordaremos al maestro exigente, al cumplido, al estricto,  al que nos hizo llorar, al regañón, al maestro amigo, al que nos oriento o dio un buen consejo, al que nos hacia reír, al que nos enseñaba cosas nuevas, a los políticos, a los filósofos, a los artistas, a los poetas, a los pensadores, a los deportistas y sobre todo al director de curso maestro y amigo que compartía desde un dulce hasta su descanso con nosotros sus estudiantes.

En todos los tiempos han existido y existirán muchas clases de maestros, por fortuna en nuestro cacicazgo, todos los docentes tienen al menos una cualidad y ven en cada estudiante la oportunidad de aprender, de aplicar nuevas teorías y sobre todo el regalo divino de ayudar a transformar a un niño o joven.

Gracias maestro porque con tu boca de oro y tu corazón de diamante, ayudas a plantar el bello tesoro del conocimiento, estén seguros que su esfuerzo no será en vano, aunque a veces parezca que labran en una tierra estéril y unas mentes débiles, ánimo, ánimo, mis batalladores de las aulas,  mis campeones de la enseñanza , feliz día y que Dios los bendiga.

JJ